Entre la perversión buñueliana y polanskiana: “¡Madre!” y la antítesis de Aronofsky

Una mujer y un poeta, ella, dedicada a componer el interior del hogar, a los menesteres diarios, a ser fiel y ferviente sirvienta (…); él, un lírico con bloqueo creativo, de presencia potente, insatisfecho, dolido. Viviendo en un idílico y solitario campo, en una casa alejada de toda sociedad, como si se tratase del más recóndito deseo de aquel que sueña con alejarse de…