La felicidad nunca es completa

La felicidad nunca es completa, casi gritó Erlindo asomando la cabeza, metiéndose donde no le importa con la visera goteando pintura y su piel morena contrastando con las gotas blancas y aceitosas. ¿Y a éste qué le pasa?, riñó Inés mirándome para que hiciera algo. Pero es Erlindo, pensé, con él ya no se puede hacer nada. Erlindo, sin esperar mi reacción…